ESTE TEXTO NO ES MÍO SINO QUE ES UN FRAGMENTO DE UN TEXTO MÁS LARGO PUBLICADO EN EL HUFF POST Y ESCRITO POR MICHAEL HOBBES:

El matrimonio igualitario y los cambios en el estatus legal fueron una mejora para algunos homosexuales”, afirma Christopher Stults, investigador en la Universidad de Nueva York que estudia las diferencias entre los hombres homosexuales y los hetero. “Pero para muchas otras personas, fue un chasco. En el sentido de, vale, tenemos este estatus legal, pero hay algo que no hemos cumplido”.

Resulta que esta sensación de vacío no es solo un fenómeno estadounidense. En los Países Bajos, donde el matrimonio gay es legal desde 2001, los homosexuales siguen teniendo tres veces más posibilidades de sufrir un trastorno del estado de ánimo que los heterosexuales, y diez veces más de tener una “conducta suicida”. En Suecia, donde se celebran uniones civiles desde 1995 y matrimonios desde 2009, los hombres casados con otros hombres presentan una tasa de suicidios tres veces superior a la de hombres casados con mujeres.

Todas estas estadísticas insoportables conducen a la misma conclusión: sigue siendo extrañamente peligroso llevar una vida como hombre atraído por otros hombres. La buena noticia es que los epidemiólogos y los científicos sociales están más cerca que nunca de entender todos los motivos.

Travis Salway, investigador del BC Centre for Disease Control de Vancouver, ha pasado los últimos cinco años intentando descubrir por qué los hombres homosexuales siguen suicidándose.

“El rasgo característico de los gais solía ser la soledad que hay dentro del armario”, explica. “Pero ahora hay millones de gais que han salido del armario y que se sienten igual de solos”.

Estamos comiendo en un antro. Es noviembre, él llega en vaqueros, zuecos y con un anillo de boda.
“Eres un gay casado, ¿eh?”, le digo.

“Y monógamo”, afirma él. “Creo que nos van a dar la llave de la ciudad”.

Salway creció en Celina (Ohio), una ciudad llena de fábricas en la que viven 10.000 personas. El tipo de ciudad donde, según él, el matrimonio compite con la universidad para la gente de 21 años. Le hicieron bullying por ser gay antes de que él supiera que lo era. “Era un hombre afeminado y formaba parte de un coro”, me cuenta. “Eso fue suficiente”. Empezó a tener cuidado. Tuvo novia durante la mayor parte de los años de instituto e intentó evitar a los chicos —tanto romántica como platónicamente— hasta que pudo salir de ahí.

Para finales de la década del 2000, ya era trabajador social y epidemiólogo y (al igual que me pasaba a mí) le sorprendía el distanciamiento entre sus amigos hetero y sus amigos homosexuales. Empezó a preguntarse si la historia que siempre había escuchado, la historia sobre los gais y la salud mental, estaba incompleta.

Cuando las diferencias empezaron a hacerse patentes en los años 50 y 60, los médicos creían que era un síntoma de la propia homosexualidad, uno de los muchos síntomas de lo que, en la época, se conocía como “inversión sexual”. Sin embargo, a medida que el movimiento a favor de los derechos de los homosexuales empezó a popularizarse, la homosexualidad desapareció del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y el motivo de la homosexualidad pasó a ser el trauma. Las familias de los hombres homosexuales les echaban de casa, ese amor era ilegal. Por supuesto que los índices de suicidio y de depresión eran muy altos. “Eso pensaba yo también”, comenta Salway, “que el suicidio de los gais era cosa de otra época o que solo se suicidaban adolescentes que no veían otra salida”.

Pero entonces echó un vistazo a los datos: el problema no solo era el suicidio, no solo afectaba a adolescentes y no solo había casos en zonas homófobas. Descubrió que los hombres homosexuales de cualquier parte del mundo y de cualquier edad presentan unos índices más altos de enfermedades cardiovasculares, cáncer, incontinencia, disfunción eréctil, alergia, asma… lo que se te ocurra. Salway descubrió que, en Canadá, el suicidio era una causa de muerte más común que el SIDA entre los gais (y llevaba siéndolo durante muchos años). Salway cree que también podría ser así en Estados Unidos, pero nadie se ha molestado en estudiar este tema.

“Vemos a hombres gais de los que nunca han abusado ni física ni sexualmente con síntomas de estrés postraumático similares a los que presentan personas que han estado en conflictos armados o que han sufrido violaciones”, explica Alex Keuroghlian, psiquiatra del Fenway Institute’s Center for Population Research in LGBT Health.

Tal y como dice Keuroghlian, los hombres homosexuales están “preparados para esperar rechazos”. Analizamos constantemente las situaciones sociales para encontrar algo en lo que no encajamos. Luchamos por reafirmarnos. Rememoramos nuestros fracasos sociales sin parar. Sin embargo, el peor de estos síntomas es que la mayoría de nosotros no los concibe como síntomas. Desde que descubrió esos datos, Salway ha empezado a entrevistar a gais que han intentado suicidarse, pero han sobrevivido.

“Cuando les preguntas por qué han intentado suicidarse, la mayoría de ellos no menciona nada acerca de su orientación sexual”. En lugar de eso, hablan de problemas sentimentales, de dinero y de trabajo. “No tienen la sensación de que su sexualidad es el aspecto más destacado de su vida. Aun así, la sexualidad tiene una importancia tan grande que puede provocar un suicidio”.

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