El Pabellón Suizo es un ejemplo más del modo en el que los curadores, muchas veces, avanzan sobre el lugar de los artistas. Esto ocurre en una Bienale en la que las verdaderas obras de artes parecen ser la curadurías como vinculo entre los Pabellones (en tanto entidades físicas) y una idea ‘nacional’. En muchos casos, esto se logra transformando a las exhibiciones nacionales en ‘site specifics’ en los que el curador oficia de principal creador de significado quien, para poder hacer esto, necesita reclutar a algunos artistas. De este modo, el verdadero artista del Pabellón Suizo no son los artistas elegidos sino su curador, Philippe Kaiser (45).

El proyecto de Philippe Kaiser descansa sobre dos pilares. El primero tiene que ver con la temática feminista y de género (de hecho, el titulo del show es ‘Women in Venice’) y el segundo apela a la popularidad de Alberto Giacometi como punto de partida de una reflección sobre el lugar de la mujer ‘detrás del genio’. Otros temas explorados son la ausencia (de Giacometti en el Pabellón de su hermano, de Giacometti en la relaccion con su amada, etc) y, curiosamente, las relaciones Suizo-Norteamericanas.

El carácter de site specific del proyecto tiene que ver con el hecho que el Pabellón fue diseñado por Bruno Giacometti, hermano de Alberto, en 1952, quien rechazó la invitacion a mostrar sus esculturas en él por considerarse ‘un ciudadano del mundo’ y no exclusivamente de Suiza. Esto, desde ya, no le impidió representar a Francia cuatro años más tarde o participar en el Pabellón Internacional en 1962.

Este año el Pabellón Suizo está dividido en dos partes vinculadas a través los temas arriba mencionados. La primera parte presenta el film ‘Flora’ que según el curador es, en verdad, ‘une nouvelle installation filmique’ producida por los artistas Suizo-Americanos Teresa Hubbard y Alexander Birchler. A decir verdad, mas que una ‘instalación fílmica’ lo que se presenta es un ‘film’ que no hace otra cosa que inyectar narrativa a una serie de objetos colocados afuera de la sala de proyección transformando el resto del show en una ejemplificación de lo hasta allí visto. El problema es que la segunda parte es la parte verdaderamente fuerte del Pabellón. Las esculturas modernistas de Carol Bove contienen en si mismas el tipo de interrelación modernista que hace a este tipo de obras autónomas. Sin embargo, la película y su vocación de asignacion de sentido conspira contra esto. Es en este punto en el que un Pabellón con muy buenas esculturas cae preso de la ambición tematizante del curador.

La pelicula en cuestión (que dura 30 minutos) debe ser vista por el visitante para poder entender de qué va la muestra. El film en cuestión es una construcción pomposa y sentimental de la historia de amor interrumpido de la artista Americana Flora Mayo y Alberto Giacometti. Digo que el film es una ‘construcción’ ya que es una suerte de representación entre real e imaginaria de una historia de amor que ocurrió según una carta encontrada por el hijo de la Americana. Sin ir más lejos, al salir de la sala de proyección, el espectador se topa con el busto de bronce hecho por Mayo que, en el film, acaba destruyendose tras terminar su relación con Giacometti. Teresa Hubbard y Alexander Birchler lo reconstruyeron y colocaron como parte de la ‘instalación filmica’ a partir de una foto, en poder de su hijo, tambien presentada como evidencia.

Las esculturas de Carol Bove en el patio son excelentes y supuestamente estan inspiradas en obras de Giacometti. Usando acero (oxidado e inoxidable) y pintura de uretano, logra un contraste de texturas (plástico versus metal) que refleja casi en forma de espejamiento el tema general. La mitad de las esculturas parece pesada y la otra mitad iviana? Masculino versus femenino? Presencia versus ausencia? A decir verdad, mi problema con este Pabellón es que la fuente de valor artistico radica exclusivamente en el film y esto transforma a las esculturas en mero decorado teatral de un parque temático. J A T

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