ESTE TEXTO NO ES MIO SINO DE JOSE LUIS LOCOCO

-Dame un Gin Tonic.
-Querés un Gin Tonic o un Gin Tonic mágico?
-…

La tarea del barman moderno no se reduce solo a preparar y servir el trago. Es de vital importancia que su apariencia cumpla con los cánones que exige el siglo actual. Todo en él es ridículo, cómo se viste, sus movimientos y hasta lo que te sirve. Salvo la acción de picar el hielo, todo lo demás puede clasificarse como: inútil, ineficiente, innecesario, ridículo y exagerado. Sin embargo, existe.

Sus tragos comparten un principio esencial: es totalmente verdadero y necesario que todos los tragos tengan, a falta de alma, “cuerpo” y “magia”, hasta un vaso con agua, no importa. De ahí que unos parezcan arreglos florales, otros parezcan postres, algunos parecen salidos de una juguetería y con otros directamente sentís tanta vergüenza que inventas que no lo pediste. Lo mejor que podes hacer es pedir (si es que tienen [dignidad]) una lata, lo único que tienen que hacer es abrir la heladera. Y no digo porrón porque corres el riego de que hasta te la abran “mágicamente”. Se puede ver que cuando pedís una lata, los deponés de su principal diversión y pierden cierto entusiasmo.
No se explica cómo la gente continua arremolinándose en torno a una aceituna violeta clavada por un escarbadientes con forma de espada persa gastando tanto tiempo inútilmente.

Su única virtud, si se quiere, es la de recordar las medidas que componen el trago. Todo lo demás es un mero juego de sombras tan efímero como ellos mismos.

El barman es un ente efímero, que como tal, necesita de un cómplice que lo vincule con el mas acá y le de tiempo para tirar algún malabar antes de irse. Ese cómplice es la música. Ésta es quien permite que estas cosas y muchas otras cobren sentido. Una de las facultades mas impresionantes que tiene la música es la de transfigurar las cosas e invertir sus valores; hacer ridículo lo digno, soportable lo insoportable, cómico lo trágico y viceversa, o como diría Novalis: “Doy alto sentido a lo ordinario, a lo conocido dignidad de desconocido y apariencia infinita a lo finito”. Transfigura lo que percibimos.

Pero para que todo este sketch de bajo presupuesto tenga lugar, es necesario que alguien lo consuma, y creo que la razón de ese consumo radica en el inimputable e intangible impersonal que nos rige y nos dice qué se hace un sábado a la noche. Por eso, vamos y seguimos yendo amén de explicaciones y excusas que no hacen más que patrocinar nuestra ridícula jornada de fin de semana.

Y así es como el barman moderno y muchas otras tantas cosas perduran, increíblemente, por ridículas que sean, durante algún tiempo, en algún espacio, más de lo que deberían.

EL DOCUMENTAL DE ROCCO SIFFREDI LO PRESENTA COMO UN SAN SEBASTIAN QUE LEJOS DE PENETRAR TERMINA PENETRADO POR EL SILENCIO DE UNO DE SUS HIJOS

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