Mucho me pregunte de hacer público o no lo que me estaba pasando en Bahia. Pero este blog comenzó con mi corazón roto por Krishna y si hay algo que unen a Krishna y Rogerio es, como decirlo, la claridad presencial de ese primer beso. No sé como será con otra gente pero mis besos saven pero tambien y, fundamentalmente, saben. Desde ya, la información que se genera con ese beso no puede ser sistematizada ya que es total y lo total no puede ser cuantíficado. Sencillamente, es o no es.

Cuando llegué a Bahía hace ya casi un mes, conocí a un chico llamado Raphael para, básicamente, salir y divertirme. El es el del tatuaje que dice ‘Made In Brazil’ en la foto que publiqué y puse como foto de perfil en Facebook. Con él fuimos a una discoteca que me voló la cabeza y que me hizo pensar en hacer alguna Pastela sobre la movida de acá que es de lo más relevante que ví en mucho tiempo. Volviendo al tema, para ser claro, la que me voló la cabeza fue la discoteca, no él. Lo cierto es que cuando decicimos partir hacia mí departamento en medio de una tormenta torrencial nos vimos obligados a buscar resguardo en una zona techada frente a la casa de una tal Yamanjé que, según me explicaron inmediatamente, es una versión mucho menos pretenciosa pero muy bahiana de la Basilica de San Pedro para la religión del Candomblé. Yamanje es la deidad del mar en una región poderosamente espíritual. Esta es una religión regida por una serie de deidades que danzan como las estrellas. Girando sin parar, los Oruxás rigen los destinos de las personas en la zona de Bahia. Son las deidades del lugar. Asi como Tiboli tiene a la Sibila Tibertina o Atenas tiene a Palas Atenea, Bahia tiene a los Oruxas y Yamanjé es una de las más importantes.

Fue en ese preciso lugar cuando mi eventual ‘date’ me contó que cuando se mudó de San Pablo a Salvador, alquiló un departamento pero apenas entró se le cayó la puerta encima, se le rompieron las cañerías y le explotó la ventana. Preocupado por tamaño Poltergeist tropical, decidió pedir ayuda y le dijeron que fuera al mar y que le pidiera permiso a Yamanjé. Al otro día, todo estaba solucionado. Tras esto, yo me cambié de AirBnB. En el edificio anterior, el olor que salía de las cañerías era nauseabundo. En el nuevo, el inodoro se tapó al punto de fermentar lo que había salido de mí y la canilla de la cocina comenzó a lanzar agua en todas direcciones. Habiendo recibido el mensaje con total eficacia, enfilé hacia el mar, me metí y hablé con Ella como, casi todas las mañanas, hablo con Jesus.

Al otro día, me levanté de la cama y fui a la costa a preparar la clase de ese día mientras tomaba mi primer Açaí diario (el Açaí es un helado tipo sorbete que se come con granola y banana y desde que lo probé no lo pude dejar). De pronto, de la nada apareció una estudiante china y en lo que era una terraza llena de mesas vacías frente al mar, decidió sentarse (pidiendo previo permiso) al lado mío, en mi misma mesa (doble). El Londinense en mí arqueó la espalda y vió esto como una total invasión del espacio privado pero el contexto del mar y Bahía me relajó lo siuficiente como para comenzar a hablar. Lo primero que le preguné fue de donde venía porque por su acento hubiera dicho que era brasileña. Ante mi sorpresa venía de un pueblito no demasiado lejos Shanghai en el que yo, increiblemente, había estado. Luego me contó que era hija única, de la relación con su madre (sin yo mencionar nada de la mía) y que estaba becada estudiando lengua portuguesa pero no sabía si era buena para algo en la vida porque se sentía una alien inservible. Nuevamente, entendí el mensaje y era de Yamanjé que me estaba poniendo a prueba. El día anterior le había dicho que estaba a su disposición y claramente mi lugar era el de dar ánimo e inyectar vida en este alma solitaria y encantadora no demasiado diferente a mí. Ese mismo ánimo y vida que me había sido dado en Rio y aquí en Salvador en su momento era lo que, ahora, me tocaba pasar. Era tiempo de hacer por otros los que el lugar había hecho por mí. Y así, hablamos y hablamos y sus sonrisas comenzaron a transformarse en carcajadas. Lo cierto es que no tuve que decirle nada que no fuera cierto porque todo estaba ahí. Era inteligente, agradable y amaba a su cultura. Ademas tenia ese humor chino que pocos conocen y a mi me gusta tanto. De pronto y como si esto fuera poco, apareció un skater fanático de animé y le pidió a mi nueva amiga que le tradujera su remera, escrita en mandarín. Y así, la China, el Skater y K-nyete se pusieron hablar un rato. Pero con playa, blog y cursos, no hay mucho tiempo para charlas de ese tipo y mi misión allí estaba cumplida. Saludé a una amiga cuyo Whassap no creí necesario tener y partí a esperar a mi amigo del boliche que nunca apareció posiblemente porque la noche anterior habría habido algun otro K-nyete. Esa noche quiso que nos encontraramos pero yo tenía que dar clase y, la verdad es que no estaba demasiado interesado.

Pero fue esa noche cuando tras la clase me fuí a correr y al volver, seguí caminando por una zona en la que teóricamente no hay que caminar de noche. Esto lo supe cuando un joven hermoso (Rogerio) vino hacia mí preocupado porque iba con su laptop y el taxista lo había dejado en la dirección equivocada en el hotel equivocaso. Lo dejó en el Hip Hotel en lugar del Bric Hotel. Me pidió, si no me molestaba, que caminaramos doscientos metros juntos para evitar a los muchachitos que dormían en ese lado de la playa y, por lo visto, se dedicaban a robar a los desprevenidos transeúntes. Si bien pareció que yo lo estaba salvando a Rogerio, lo cierto es que él tambien me salvó a mi. Haciendome el importante, le dije: ‘No te preocupes que yo sé boxear…. yo te defiendo’. Nos miramos a los ojos y desde ese momento nunca pude quitarle la mirada. Creo que ese momento me transformó en algo así como la función de mirarlo. Sin embargo, como lo habia dicho tantas veces en este blog, casi a modo de auto-justificación como tantas cosas aquí vertidas, yo ya había aprendido a disfrutar las mieles de la soledad, mieles que aún sostengo deben ser conquistadas para poder ser algo o alguien en este mundo sin depender del otro para saber cómo sentirse. Estar sólo me hace bien tambien.

Pero quién es él? Rogerio es maestro de historia africano-brasileña y coordina maestras en el interior de Bahía. Este mes recibe su master en cultura negra y tiene un libro infantil publicado porque su especialidad es la infancia de los negros. Al contarme esto, captó mi atención de inmediato. Seguramente, al percibir mi interés en lo que le interesa a él así como tambien por el hecho de que, casualmente, estaba iniciando su camino en el Candomblé (una suerte de rito de purificación y bautismo) recluyendose en un ‘terreiro’ (tierra santa) durante 12 días; decidió invitarme a pasar el fin de semana con él y conocer a algunos de sus amigos en su ciudada natal: Cachoeira. Yo creo firmemente en que los amigos son el espejo de una persona y si te permitís querer conocer a una persona realmente, tenes que prestar mucha atención a sus amigos. De hecho, el chico con el que salí en Rio me interesó un poquito pero el paso del poquito al nada fue cuando me invitó a conocer a sus amigos. Tras varias cervezas (ellos, no yo), hasta se tiraban lances conmigo. No puede haber amor ni respeto en un campo minado por el deseo descontrolado.

Por lo dicho anteriormente, el fin de semana con Rogerio era una suerte de despedida antes de su reclusión en el terreiro Candomblé. Si bien tengo el honor estar invitado a la ceremonia de bautismo que va a tener lugar el 19 en Cachoeira, ese día, el va a estar purificado por lo que no puede ni siquiera mirarme. Rogerio fue lo suficientemente gentil como para presentarme a sus amigos y hacerme quererlos para luego el 19 no sentirme sapo de otro pozo. Lo cierto es que él va a estar retirado en el terreiro hasta el 25, día en el que yo viajo a Buenos Aires por diez días para hacer trámites antes de volver a Río y Bahía. Pero, ahí, ese diablo que me habla a veces desde algún lugar de mi consciencia empezó a taladrarme el cerebro diciendome cosas como: ‘Por qué entra ahora estando vos en Bahia? Por qué no espera y lo hace en otro momento? Por qué perderse la oportunidad de estar con tamaña monumentalidad como vos, Cañete? Por qué quiere acercarse a esa divinidad local si puede estar cerca del Jupiter porteño en sunga? Será verdad?’

Hoy, me fui a la playa a leer un poco y vi el celular y de pronto, un cachetazo en la cara: hoy es 13 de Noviembre. Hoy Madre tendría 84 años. En su cumpleaños, Rogerio comienza su camino en el Candomblé y me invitó a acompañarlo en la preparación de todo el proceso. Algo me había emocionado todo el fin de semana y no sabía realmente qué. De pronto, leo los comentarios de un lector de la familia LANP que decía: ‘Me alegro Rodrigo! Que sea con felicidad (y amor, obvio)… Alguien llegó a tu vida, sera regalo de madre?’. De pronto me di cuenta de que con el permiso de Yamanjé, madre estaba festejando su cumpleaños conmigo. Volví al mar y le pedí a Yamanjé que le dijera a Jesus (hay que, obviamente, respetar las formas…) que le de las gracias a madre y un muy feliz cumpleaños. Mientras espero para dar mi clase, Rogerio entra a la Tierra Santa Bahiana y me dijo: ‘Fique bem. Ela cumpriu a missão dela aqui e vc a fez feliz. Ela está em paz’. Y agregó en un tono más prosaico: ‘Tô no barbeiro’. J A T

A MI FAMILIA DE LANP LE QUIERO PRESENTAR OFICIALMENTE A MI BAHIANO

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