Varios lectores me enviaron la ‘mala’ noticia del cierre de la Compañia Nacional de Danza Clásica dirigida por Iñaki Urlezaga y a los fines de hacer buena crítica uno no sólo tiene que analizar el hecho en sí sino también observar cómo el hecho es comunicado en un medio, como Clarín, que, además, no se ha venido caracterizando por críticas al gobierno nacional en el área de recortes.

Sin embargo, Susana Reinoso sale con tono de ‘señora ofendida’ más propio de su antiguos empleadores de La Nación que de su actual (Clarín) a embanderarse con los ideales del estatalismo cultural estructurando su argumento en torno de ‘la necesidad de preservar las fuentes de trabajo’. Recordemos que este diario ha venido consistemente impulsando una política de ajuste a los fines de garantizar la prolongación del otorgamiento de créditos internacionales. Si se quiere, este es el primer problema con las contradicciones del periodismo cultural.

Digo que esta es una noticia complicada para ser comunicada por Clarín porque la persona que convocó a Urlezaga no fue otra que Alicia Kirchner cuando era Ministra de Desarrollo Social. De hecho, el Ballet estuvo en el Ministerio de Accion Social y su objetivo nunca ha sido la excelencia ‘per se’ sino ‘incluir, a través de la danza, a jóvenes socialmente desfavorecidos’. Una de las primeras preguntas que uno debe hacerse es si el pais está en un momento lo suficientemente rico como para habilitar un ballet dedicado a tales propósitos con cargos y estructuras independientes. Alguna vez hay que ser coherente y en este caso, Susana Reinoso por alguna razón que, supongo tiene que ver con su propio resentimiento con el poder, no lo está siendo. Uno podría decir que la política del gobierno kirchnerista ha consistido en crear estructuras creadoras de ‘puestos de trabajo’ en torno de ejes problematicos que determinadas politicas debian contemplar pero en lugar de maximizar los recursos, tendía a multiplicarse el gasto de manera clientelistica. No me consta que el caso del Ballet de Iñaki haya sido un caso diferente. Además, el hecho de que un cuerpo de ballet afuera del área de Cultura haya sobrevivido varios años da la pauta del relativo poder que ostentaba el entonces jefe del area de Cultura y esto plantea otro problema que hoy por hoy debe ser, en las actuales condiciones revisado.

Es por lo antedicho que vuelvo a estar de acuerdo con Avelluto en una decisión que, obviamente, fue tomada (mas no comunicada…fiel a su estilo) por el gobierno de Macri cuando deciden pasarla de Acción Social al area de Cultura sin partida presupuestaria. Esto lo comunica Susana Reinoso de Clarín en los siguientes términos:

‘Iñaki Urlezaga puso la experiencia cosechada en el exterior y su prestigio para formar un cuerpo federal de bailarines, en el que hubiera chicos de todas las provincias. Creado en el marco de un convenio de asistencia técnica con la Universidad Nacional de San Martín, durante 2017 el presupuesto del cuerpo fue de 30 millones de pesos, entre recursos humanos y costos de producciones. La relación de Avelluto con la compañía fue, por llamarlo de algún modo, extraña. La ministra Carolina Stanley, sumergida en planes sociales y asistencia a sectores desfavorecidos desde Desarrollo Social, se reunió con el ministro de Cultura para el traspaso ordenado del ballet de danza clásica. Pese a tener un vínculo fluido con el bailarín, Stanley vio en el traspaso del ballet una solución para liberar partidas presupuestarias.
No obstante, en el convenio firmado entre ambos ministros, Stanley se hizo cargo de todo 2017’.

Todo bien pero no se puede pedir a Cultura que se haga cargo de ese costo teniendo dos cuerpos de ballet adicionales como el Ballet Folklórico Nacional y la Compañía Nacional de Danza Contemporánea. Ademas, si hay en la Ciudad, por ejemplo, una ley de mecenazgo, yo diría que este es un proyecto ideal para ese tipo de financiamiento asi como tambien para los aportes directos mediante convocatorias del sector civil. Sin embargo, imagino que Urlezaga no querra someterse a este tipo de ‘dádivas’ y este tipo de divismo plantea el sentido del estatismo y el lugar del contribuyente como el que termina alimentando el divismo de estas figuras. Lo que es evidente es que teniendo un Teatro Colon y dos ballets estables, tener un cuarto ballet (a los fines de la acción social) es una exageracion por más tono de alarma que ponga Reinoso en un diario que, por lo pronto, ha venido sistemáticamente apoyando todo tipo de recorte. Este, en particular, mal no está. J A T

 

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